
Fue este árbol el tamiz que separó mis luces de mis sombras, con ramas gastadas por crecer, que intercalan su solidez y hacen de ellas en conjunto un juego de aire y tiesura, en donde yo, ilusa, pretendo combinar mis ramas.
Tal filtro hizo en mí un festival de emociones. Planto sus raíces en lo más bajo de mi suelo.
Solo necesite una leve oscilación de ese tejido para poder ver a través, un cielo en el cual quiero estar. Mientras más penetre sus ramales, más dentro de él me sentiré.
Yo fui la responsable de dejarme plantar en su misma tierra, tan fértil como ninguna, sintiéndome poco nutrida, esperando que él me haga crecer hasta que mis ramas se entrecrucen con las suyas y pueda sentirme al fin digna de estar a su lado.
Foto por Renzo Cecenarro.