donde dejo los papelitos que escribiste con la aspereza de tus manos.
Toda esa sed por la humedad de las mías me dejó raspada el alma.
Estiré los brazos a mas no poder,
tratando de penetrar las nubes,
sostenerme de ahí y abrigarte con la calidez de un beso.
Calce perfectamente dentro de tus anchuras,
me dedique a presionarme a vos
y dejarme llevar con dos lazos imposibles de olvidar si de apego se trata.
No necesitamos la integridad de nuestras manos,
porque ya iban juntas, tomadas por un hilo de ternura.
Tan poco necesite para tocarte y sentirte tan usual en mi, conmigo.
Tan simple. Me salió un cariño que ya te quería sin haberme pedido permiso primero.
Sólo me destiné a toparme en tu camino, que no es el mío. Y bailamos.
Impregnado de querer quedó mi pañuelo, perfecto testigo de la fusión.
Envolvió tu cuello, llevándole los secretos del mio.
Luego le robé el lugar y puse como dos lazos mis brazos que dejaron mi peso en él.
Y bailamos.
Cuántas arrugas habré contado en esa nariz/frente, que imitaba a las mía.
Creo que me perdí cuando rozaron entre sí a causa de tu paso adelante.
Me permití pedirte prestado del cielo, no creo que seas de otro lugar.
Si es que me equivoco y tu paradero sea la tierra, quiero plantarme ahí.
Es hora de extrañar.
Para G.H.
Vi.