
NINÍ y los juguetes.

Una vez algún tiempo atrás, se construyo una fábrica de juguetes tan grande que nadie podía llegar a ver desde una punta, el final de la otra. Era como un gran castillo. Con una gran reja de entrada, por donde llegaban los personajes más extravagantes y más ricos a encargar montañas de juguetes, ya sea para sus hijos, para donar a niños pobres o simplemente para coleccionar.
En su interior era como un gran palacio en miniatura. Había grandes estantes, cajas gigantes. Todo lo necesario para que miles de aviones, autos, muñecos, osos de peluche, y demás vivieran felices esperando a que alguien los vaya a comprar.
En un rincón, el rincón de los muñecos, viven Mili, Lili, Eli, Loli y Celi, 5 muñecas hermosas, rubias, con la mejor ropa de todas las muñecas, con zapatos brillantes, carteras enormes, cada una con un auto rosado. Todas estaban interesadas en Toto, otro muñeco que también vivía ahí. Era un príncipe. Era muy bondadoso y tenía un gran corazón. Era el encargado de que se cumplan las normas de seguridad entre todos los muñecos.
Por esos días, se estaban fabricando unas muñecas distintas a todas. Estas tendrían cabellos de colores, ropa rara y ojos muy grandes. Eran un pedido de la Señora Ludovica, una empresaria muy importante, que necesitaba para su hija y sus amigas, unas muñecas que no sean comunes, porque ya estaban aburridas de las muñecas rubias y perfectas.
El pedido se termino en su debido tiempo, pero una de las muñecas había sido olvidada. Se llamaba Niní. Por algún error, se la habían olvidado en el Taller. Se quedo sola, y cuando se despertó no sabía que hacer. Camino por los pasillos de la fábrica y llego al hall central. Donde estaban todos los demás juguetes.
Muy tímidamente se acerco al lugar donde estaban los ositos de peluche.
- Hola, soy Niní. No se porque me dejaron sola en el taller. Ahora no se que hacer. – Dijo en un tono de voz muy bajo, siempre mirando al piso.
- No te preocupes. – Dijo Teddi, uno de los ositos. – Quédate con nosotros.
- Muchas gracias, se los agradezco de verdad
Niní y los ositos empezaron a hacer un lugar para que ella se quedara a dormir. Armaron una cama, llevaron unas mesas de juguete que estaban en la basura, y unos muebles pequeños que estaban para reparación.
Pasaban los días y Niní y los ositos se hacían cada vez más amigos, se ayudaban mutuamente.
Teddi y sus amigos trabajaban juntando pedazos de juguetes rotos, los reciclaban y armaban juguetes nuevos, que luego eran donados por la dueña de la fabrica a niños de la calle.
Un día, Niní les estaba ayudando a los ositos y de repente llegaron alrededor de 10 autos y camiones a interrumpir el trabajo.
- ¡Osos, denme toda la madera que les haya quedado, la necesitamos para armar un camión muy grande que nos pueda cargara todos para salir de aquí. Estamos hartos de estar en esta fabrica esperando que alguien nos venga a comprar! ¡Ya no queremos esperar más!
Teddi, muy sorprendido por la manera sorpresiva en que los vehículos habían interrumpido su trabajo, respondió:
- Mira Carl, mis amigos y yo hubiésemos estado encantados en regalarte toda la madera que tenemos, pero por la manera poco amable en que vinieron a pedirla, no creo que eso sea posible.
- Te obligo a que me la des.- Dijo Carl muy enojado.
Los ositos los ignoraron y continuaron con su trabajo. Los autos y camiones se enojaron tanto que juraron volver por la madera a la noche, para robarla sin que ellos se dieran cuenta.
Ante la situación, Teddi no sabía qué hacer. Hasta que recordó a Toto, el encargado de todos los juguetes.
Se decidió ir a hablar con él y le pidió a Niní que lo acompañe.
Caminaron por puentes, subieron ascensores invisibles, cruzaron túneles de magia, pasaron por el medio de burbujas, pisaron un gran piano que estaba a punto de ser comprado, y luego de una gran caminata entre miles y miles de juguetes, llegaron a donde vivía Toto y todas las muñecas rubias.
Teddi y Niní tocaron el timbre de la casa de Toto, y en un momento el salió, con un traje que ese día estaba estrenando.
- Hola Teddi, ¿en qué puedo ayudarte? – Saludó atentamente el príncipe.
- Hola Toto, necesito tu ayuda. Tengo un problema en mi taller de reciclaje. Los autos y camiones quieren robarnos nuestra madera para hacer un gran camión y fugarse.
- No puedo creerlo. Ellos mismos te dijeron eso?
- Si, hoy fueron al taller y están decididos a cometer el crimen. Ella estaba presente y es testigo. – Teddi señalo a Niní, para que Toto le creyera lo que había ido a contarle.
Niní saludo tímidamente al príncipe, y se quedo mirándolo. Era tan bello pero tan distinto a ella. No podía dejar de mirarlo.
Después de un rato de hablar, Teddi sugirió un plan.
- Tú, Toto ve al garage a hablar con los autos y trata de convencerlos de que es una tontería lo que quieren hacer. Yo volveré al taller a cuidar a la noche. Y tú Niní, quédate aquí por las dudas vuelva el príncipe y luego me llevas las noticias.
Ambos aceptaron.
Al llegar la noche, el príncipe fue a hablar con los autos y camiones y los convenció de que no estaba bien lo que querían hacer. Les dijo que esa no era manera de pedir algo, que debían ser amables y pedir por favor. Y además les dijo que debían ir a pedirles disculpas a los ositos y decirles que nunca mas algo asi sucedería nuevamente.
Todo sucedió como les había indicado Toto, y los autos y los ositos, volvieron a ser amigos en paz.
Mientras tanto, Niní estaba esperando en la casa de Toto. En un momento, llegaron las muñecas rubias con un pastel que le habían preparado para el príncipe. Cuando entraron a la casa, se llevaron la sorpresa de que alguien lo estaba esperando.
- ¿Quien sos? - Le preguntaron. Con cara de desprecio.
Las 5 la miraron a Niní de punta a punta. Les parecía muy extraña la ropa que llevaba, el color de pelo y el tamaño que tenia.
- Soy Niní. – Respondió.
- ¿Y quién te dio permiso para entrar a la casa de nuestro príncipe? El es solo nuestro.
- El me dijo que me quede acá a esperar noticias de los autos y camiones.
- Está bien. – Dijeron las muñecas.
No les había caído nada bien la idea de que otra muñeca sea amiga de Toto. La despreciaban. Se fueron al patio a planear que maldad le harían a Niní.
- Yo digo que le cortemos el pelo, ¡lo tiene muy feo! Es de un color horrible. – Dijo Mili
- Yo voto con que le cortemos la ropa. ¡Es tan antigua! No está a la moda. – Dijo Lili.
- Yo opino que le pintemos la cara con pintura. Tiene una piel muy fea. – Dijo Eli.
- Yo digo que le pongamos un ladrillo en la cabeza, es muy grandota! – Dijo Loli.
- Yo pienso que tenemos que hacerle algo peor. Ponerla en frente de Toto y decirle que es rara y muy fea. – Dijo por ultimo Eli.
- ¡Sí! ¡Eso debemos hacer! – Dijeron todas las demás, emocionadas por dejar en ridícula a la nueva muñeca que habían conocido.
Volvieron a donde estaba Niní, se hicieron las amables con ella y esperaron que llegara Toto.
En un momento se escucho que Toto llegaba en su auto. La muñecas se prepararon para llevar a cabo su cruel plan.
Entró Toto y saludó amablemente a todas. Y dijo:
- Niní, no te hagas drama, ya solucione el problema de los autos y los camiones, no volverán a molestar jamás.
Estaba a punto de responderle Niní, cuando de pronto las muñecas rubias interrumpieron, tomaron a Niní del brazo y la pusieron al frente de Toto… Y empezaron a decir:
- Toto, como puedes ser amigo de este harapo?
- Es una muñeca fea, extraña
- Mira su cabello, es desprolijo y de un color horrible.
- Su cara parece una papa, esta toda sucia.
- La ropa que trae esta súper pasada de moda.
- Míranos a nosotras, todas arregladas, bien peinadas, muy lindas, con la mejor ropa y zapatos…
- No puedes ser amigo de esa.
Niní no sabía qué hacer, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. No pudo decir ni una sola palabra y salió corriendo.
Corrió lo más rápido que pudo, no sabía hacia donde iba. Quería desaparecer en ese instante. Se sentía fea, e inútil.
Después de correr un buen rato debajo de una gran luna de papel, escucho alguien gritando su nombre. Era Toto que la estaba buscando. Había salido corriendo atrás de ella, para tratar de consolarla.
Logro alcanzarla y se pusieron a hablar.
- Niní, no tienes que llorar. No puedes llevarles el apunte a esas 5 cotorras.
- Pero tú escuchaste lo que dijeron de mí. – Dijo Niní, que aun seguía llorando.
- Son todas mentiras, lo dijeron de envidia nada más.
- ¿Envidia? ¿Que me pueden envidiar ellas a mi? Ellas son bellas y tienen todo.
- Mira, te voy a decir una cosa. Ellas pueden tener todo lo material, tener linda ropa, zapatos, autos pero no son como tú. No son bondadosas como tú. Tú ayudaste a los ositos sin pedir nada a cambio. Eso ellas no lo harían.
- Pero tienen razón, soy rara y extraña. Nadie me va a querer así.
- Mira te voy a contar un secreto. Esta es una gran fábrica, que hace los mejores juguetes del mundo. Pero como todo, a veces se equivoca y salen cosas mal. Todos los juguetes que quedamos en este sector, somos juguetes imperfectos. Las muñecas rubias por ejemplo no pueden andar en bicicleta porque sus rodillas no pueden doblarse. Los ositos no tienen orejas. Los autos y camiones, a algunos les falta una rueda, otros el volante, otros el motor. Y yo no puedo dejar de hablar ni me moverme nunca porque mi botón de apagado está roto. Todos tenemos algo malo. Tú eres la única especial aquí. Por no tener la apariencia de las otras muñecas no significa que no sirvas. Esas cosas que ellas no tienen es lo que a ti te hace distinta y única. No eres inútil por eso. Además, por algún error de los que te encargaron te dejaron olvidada en el Taller, pero eso no significa que no seas querida. A veces nos olvidamos las cosas más importantes, pero después en el momento apropiado, nos damos cuenta la falta que nos hace y volvemos a buscarlas.
Eso te pasara a ti, se acordaran que te dejaron por error aquí y vendrán a buscarte. Te lo prometo.
Así que no llores más y ve a descansar.
Niní quedo muy tranquila con lo que Toto le había dicho, le agradeció, lo abrazo y se fue sonriendo a su casa, cantando, pensando, esperando a esas personas que pronto la irían a buscar.
Vicky