martes, 27 de julio de 2010

ROJO, LUZ VERDE SIN PENSAR EN LA AMARILLA.


Quise decirle a mi cabeza que lo había superado. En 5 minutos llore, reí y volvi a levantar la cabeza. Era asombrosa ya la manera de recuperarme. Había adquirido toda la experiencia en unos cuantos años de decepciones, mentiras y mal entendidos. Tenía una sed de no atraer ninguna otra experiencia parecida. Ya era costumbre hablar de corazones rotos, engaños, ilusiones y toda clase de expresiones cursis que obviamente no me están llevando a ningún lado.

Casi salgo ilesa, tengo un poco de rasguños pero nada mas. Creo y espero que no se conviertan en cicatrices. No me estoy permitiendo estos días mirarme y verme marcada. Voy tan rápido. No encuentro un freno. Quizas ese sea el dilema.

Lo pongo muy al lado de un vehiculo, sea cual sea su apariencia. Estaba en una esquina, el lugar mas critico. Tenia quizás tres caminos por el cual escapar. Uno era prohibido, uno indebido y otro imposible. Me quedaba el frente, y con fuerza y valor… iria al frente. No había casi obstáculos. Era doble mano. La mia estaba libre, la otra también. Pero se complicaba de a ratos. No se sabia si iba o volvia. En algunas partes había entre ambas manos una platabanda tan grande que no se unian, pero en la mayoría del trayecto eran iguales. Iban en sentidos contrarios, pero estaban hechas con el mismo material. Yo seguía de mi lado, mirando tal vez un poco para los otros tres caminos, que por costumbre también eran tentadores. Mi camino siempre me llevaba al mismo destino, la única diferencia es que quizás podría unirse a la otra mitad y hacer un trayecto armonico, casi perfecto, distintos pero complementarios. Pasando el desafio de los caminos alternativos, me encontré con otro. La velocidad. Creo que los impulsos siempre aceleran el paso. Yo los llevaba a todos juntos en la caja. Cualquier señal me alteraba y quería ir lo mas rápido posible. Trataba de disimular mi desesperación por unirme a mi camino adjunto, pero siempre el mermaba mi velocidad, me llevaba despacio. Y una vez mas, otro desafio, quizás el peor. El beneplácito. Hable tanto de posibilidades que todas desembocaban en el perfecto arribo de mi marcha, pero nunca me fije en la disponibilidad del cruce. Me habían advertido de la luz amarilla, que avance con precaucion. Yo confie en mi motor, en mi manera de moverme, en mi rapidez, en mi esbeltez y puse verde. Aposte por lo mas rápido y efectivo. Sin mirar atrás, con el típico miedo y temblor de extremidades di un paso adelante. Lo dimos. Dudaste tanto como yo. Cerraste tanto los ojos como yo. Tenias un pie en el freno y otro en el acelerador. Nuestro ritmo fue impecable. Cerramos las ventanas, nos quedamos sin aire. Dimos por hecho que el curso de nuestro andar ya era un cambio. Ibamos, como siempre, a dejar algo atrás para encontrarnos con algo nuevo. Pero fallo tu movimiento. Paraste. En esto no es aceptable apagar tu móvil tal como un motivo. Pusiste rojo y otra vez, me quede sola en el camino.

28.01.2010